Microbusero
Este mes fue la primera experiencia que vivimos en nuestra nueva hacienda, fue una experiencia inolvidable, en teoría, en este mes cumpliríamos tres años de trabajar en la hacienda de Amealco, esa que nos quemaron.
En esta ocasión, cuando estaba la cadena de resentimientos, al momento que comenzamos a cantar el Padre Nuestro, ya había pasado el momento de locura de los escribientes, en el cielo pasaron volando en dirección de sur a norte, tres palomas blancas, fue algo que pareciera increíble, pero hoy no lo veo asi, mas bien creo que fue un regalo de mi Creador, como cuando fue el cuarto aniversario del grupo y al final de la experiencia pasaron cuatro palomas blancas en la cadena de salida. Nope, no son coincidencias. Además en esta experiencia sobrepasamos la cantidad máxima de escribientes que alguna vez habíamos llevado, que era de 25, ahora fueron 29.
Me sentí feliz y me lleno de Ego el haber sido quien coordinó la primer experiencia de esa hacienda, a pesar que el viernes por la noche antes de salir rumbo a la hacienda le ofrecí a mi padrino Juan la coordinación, para que fuera el quien la “Inaugurara”, su respuesta fue sencilla; “si lo quisiera hacer, pero solo por hoy NO, quiero que mi Ego reciba un golpecillo…”
Las emociones comenzaron desde el momento que minutos antes de salir rumbo a la hacienda me dijo mi padrino que no llegaría Tomy, quien es un chofer de microbuses y regularmente es quien maneja el micro que nos llevamos (ya esta viejito por cierto), que me tocaría manejarlo a mi.
Ups!!! Cuanta responsabilidad manejar un camioncito de pasajeros, algo que nunca en la vida has manejado, hacerlo en la autopista y lleno de alcohólicos. Asi que sin dudarlo le pedí a mi Creador que obrase y que tomara el control de mis manos y de mis maniobras, en pocas palabras que me echara la mano…
Chales, cuando subíamos la cuesta china, comencé a rebasar a un trailer que iba por el carril de baja mas pegado al acotamiento y de pronto un trailer comenzó a rebasarme a mi, se siente feo de verdad, luego cuando salimos de la autopista para tomar la carretera que nos lleva a la hacienda es un camino de doble circulación, donde incluso circulan trailers, esta cabron…
De regreso mismas emociones nomás que ahora la cuesta china la agarré de bajada, es peor, creo, pero bueno, cuando ya íbamos rombo a candiles, después de que llegamos al lugar acostumbrado, me paró un semáforo en rojo y de pronto se para un chavo cerca de la puerta y me dice; “oiga, no trae monedas para que me cambie este billete?”
Jajajajaja, me dieron ganas de decirle; “Cállate pendejo!!!!!! Pues que me viste cara de pinche chofer o que???!!!!!!!, pero algo dentro de mi de inmediato me dijo; “esque vas manejando un microbús y el no sabe de donde vienes pendejito”, jejeje. Solo atiné a decirle, “No amigo, este micro no es de servicio público” y ya, se fue a seguir buscando cambio. Al final cuando llegamos al grupo y me bajé del micro, lo menos que pude hacer fue agradecerle a mi creador por haberme permitido llegar con bien durante el tiempo que manejé esa maravilla.
Por cierto, durante la experiencia varios padrinos tuvieron que dar dos rondas, es decir, apadrinar a dos escribientes y pues esta vez yo fui uno de ellos, por cierto, una traía situaciones de adoración a la santa muerte y pendejadas de ese tipo, asi que ya tengo dos ahijaditos más, a ver cuanto tiempo duran los muy jijos.
En fin, dicho está.
En esta ocasión, cuando estaba la cadena de resentimientos, al momento que comenzamos a cantar el Padre Nuestro, ya había pasado el momento de locura de los escribientes, en el cielo pasaron volando en dirección de sur a norte, tres palomas blancas, fue algo que pareciera increíble, pero hoy no lo veo asi, mas bien creo que fue un regalo de mi Creador, como cuando fue el cuarto aniversario del grupo y al final de la experiencia pasaron cuatro palomas blancas en la cadena de salida. Nope, no son coincidencias. Además en esta experiencia sobrepasamos la cantidad máxima de escribientes que alguna vez habíamos llevado, que era de 25, ahora fueron 29.
Me sentí feliz y me lleno de Ego el haber sido quien coordinó la primer experiencia de esa hacienda, a pesar que el viernes por la noche antes de salir rumbo a la hacienda le ofrecí a mi padrino Juan la coordinación, para que fuera el quien la “Inaugurara”, su respuesta fue sencilla; “si lo quisiera hacer, pero solo por hoy NO, quiero que mi Ego reciba un golpecillo…”
Las emociones comenzaron desde el momento que minutos antes de salir rumbo a la hacienda me dijo mi padrino que no llegaría Tomy, quien es un chofer de microbuses y regularmente es quien maneja el micro que nos llevamos (ya esta viejito por cierto), que me tocaría manejarlo a mi.
Ups!!! Cuanta responsabilidad manejar un camioncito de pasajeros, algo que nunca en la vida has manejado, hacerlo en la autopista y lleno de alcohólicos. Asi que sin dudarlo le pedí a mi Creador que obrase y que tomara el control de mis manos y de mis maniobras, en pocas palabras que me echara la mano…
Chales, cuando subíamos la cuesta china, comencé a rebasar a un trailer que iba por el carril de baja mas pegado al acotamiento y de pronto un trailer comenzó a rebasarme a mi, se siente feo de verdad, luego cuando salimos de la autopista para tomar la carretera que nos lleva a la hacienda es un camino de doble circulación, donde incluso circulan trailers, esta cabron…
De regreso mismas emociones nomás que ahora la cuesta china la agarré de bajada, es peor, creo, pero bueno, cuando ya íbamos rombo a candiles, después de que llegamos al lugar acostumbrado, me paró un semáforo en rojo y de pronto se para un chavo cerca de la puerta y me dice; “oiga, no trae monedas para que me cambie este billete?”
Jajajajaja, me dieron ganas de decirle; “Cállate pendejo!!!!!! Pues que me viste cara de pinche chofer o que???!!!!!!!, pero algo dentro de mi de inmediato me dijo; “esque vas manejando un microbús y el no sabe de donde vienes pendejito”, jejeje. Solo atiné a decirle, “No amigo, este micro no es de servicio público” y ya, se fue a seguir buscando cambio. Al final cuando llegamos al grupo y me bajé del micro, lo menos que pude hacer fue agradecerle a mi creador por haberme permitido llegar con bien durante el tiempo que manejé esa maravilla.
Por cierto, durante la experiencia varios padrinos tuvieron que dar dos rondas, es decir, apadrinar a dos escribientes y pues esta vez yo fui uno de ellos, por cierto, una traía situaciones de adoración a la santa muerte y pendejadas de ese tipo, asi que ya tengo dos ahijaditos más, a ver cuanto tiempo duran los muy jijos.
En fin, dicho está.

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